Ubicada junto al Turó Park de Barcelona, esta vivienda de 59 m² parte de una pregunta: ¿qué ocurre cuando la casa deja de organizarse en habitaciones y pasa a entenderse como un espacio continuo? Si la cocina ha pasado progresivamente de ser un espacio oculto a convertirse en el corazón del hogar, aquí llevamos esa transformación un paso más allá, cuestionando también las jerarquías tradicionales entre los espacios domésticos.
La vivienda se organiza a partir de un núcleo central que concentra cocina, baño y vestidor. En lugar de dividir, funciona como un sistema permeable que permite el paso de la luz, la ventilación y las visuales. Los límites no desaparecen, sino que se vuelven reversibles, permitiendo leer la casa como un espacio continuo y, al mismo tiempo, ofrecer distintos grados de intimidad.
La bañera, abierta hacia el salón, condensa esta idea: un elemento tradicionalmente oculto pasa a formar parte activa de la vida cotidiana, casi como una fuente doméstica en torno a la cual gravita la casa. Esta concepción conecta con nuestro interés por la precisión y la economía de medios de Donald Judd y con los interiores de la pintura holandesa del siglo XVII, donde la vida doméstica se despliega a través de espacios encadenados, visuales profundas y límites permeables.
La materialidad refuerza la relación entre un perímetro continuo y un núcleo central diferenciado. Suelos, paredes y techos se unifican mediante un mismo acabado mineral, generando un fondo homogéneo que permite leer la vivienda como un único ambiente.
En contraste, cada parte del núcleo responde a una materialidad propia: aluminio en la cocina, baldosa esmaltada en el baño y madera de nogal en el vestidor. Metal, cerámica y madera hacen legible cada uso dentro de un mismo sistema, convirtiendo la materia en una herramienta de organización espacial más que en un recurso decorativo.
A un extremo se sitúa la zona de noche, más recogida, y al otro la zona de día, abierta hacia la fachada. Entre ambas, cocina, baño y vestidor articulan una secuencia de espacios interconectados que permite que la luz y la ventilación atraviesen la vivienda de lado a lado.
Más que habitaciones cerradas, el proyecto propone ambientes que se encadenan y transforman según el uso. Los límites aparecen únicamente cuando son necesarios: en el baño, por ejemplo, una ventana abatible motorizada permite aislarlo cuando se requiere intimidad y mantenerlo abierto durante el uso cotidiano.
El proyecto propone entender la vivienda no como una suma de habitaciones, sino como un sistema continuo y adaptable. En un espacio reducido, concentrar los servicios permite liberar el perímetro, ampliar la percepción del espacio y favorecer una relación más fluida entre los distintos usos.
Este piso se plantea así como una estructura capaz de adaptarse a distintas formas de habitar. Más que imponer una manera de vivir, la arquitectura establece las condiciones para que la vida cotidiana pueda desplegarse y transformarse con el tiempo.